Análisis · GaeliKA Innovación
¿Qué revela el rastro que deja un alumno cuando aprende en pantalla?
Todo lo que se discute a partir de PISA son resultados: cuántos puntos obtiene cada país, cada comunidad, cada tipo de alumnado. PISA 2025 permite por primera vez algo distinto. Su nuevo dominio digital, Learning in the Digital World, no se limita a puntuar respuestas: mientras el alumno se pelea con una herramienta que acaba de conocer, el sistema registra cuánto tarda en hacer el primer movimiento, cuántas acciones hace y cuánto dura cada tarea. Eso permite observar el aprendizaje mientras ocurre, y no solo su resultado. Este informe usa ese rastro, no la nota, para preguntar cómo trabajan los alumnos españoles. Con 9.634 alumnos con información de proceso, tres respuestas: el rastro añade capacidad de predicción incluso en comunidades que el modelo no ha visto; lo que anticipa aplicar bien lo aprendido no es dedicar más tiempo sino repartirlo de otra manera; y la forma de trabajar se distribuye de manera desigual según el origen social. Galicia trabaja con un estilo reconociblemente más rápido y directo que el resto de España, aunque eso no cambie la relación entre proceso y resultado.
Síntesis
El rastro dice cosas que la nota no dice
La idea que ordena este análisis es sencilla. Dos alumnos pueden terminar una tarea digital con la misma puntuación habiendo trabajado de maneras completamente distintas: uno leyendo la pantalla un buen rato antes de tocar nada y el otro probando desde el primer segundo. Hasta ahora, la evaluación internacional solo veía el resultado. Con los datos de proceso de PISA 2025 se puede ver también el camino, y ese camino contiene información propia.
Los tres resultados principales apuntan en la misma dirección. El rastro de trabajo mejora la predicción del rendimiento incluso en comunidades autónomas que el modelo no ha visto nunca. Dentro de ese rastro, lo que se asocia con aplicar mejor lo aprendido no es la cantidad de tiempo sino su reparto. Y esa forma de trabajar no se distribuye al azar: varía con el origen socioeconómico y, de manera bastante más marcada, entre territorios.
1. El dato nuevo
Qué registra la prueba mientras el alumno aprende
El dominio digital de PISA 2025 no pregunta lo que el alumno ya sabe, sino cómo se maneja ante una herramienta que acaba de descubrir. Cada unidad tiene un nombre casi de videojuego (una pinza de reciclaje, una aplicación de fitness, una cápsula de plantas) y una estructura común en tres fases: primero se aprende a usar la herramienta, después se aplica a un problema nuevo y al final se demuestra lo aprendido. Durante todo el recorrido, el sistema anota el rastro de trabajo.
Ese rastro no es una película de la sesión. El fichero público no permite reconstruir el orden exacto de los clics: lo que publica son resúmenes por tarea. De ellos salen los ocho indicadores que este informe utiliza, tres registrados en la fase de aprender, tres en la de aplicar y dos que describen el estilo de trabajo en su conjunto.
| Indicador | Qué mide | Dónde se mide |
|---|---|---|
| Acciones | Cuántas veces actúa el alumno sobre la herramienta: prueba un valor, mueve un control, ejecuta. | Aprender y aplicar |
| Tiempo hasta la primera acción | Cuánto tarda en hacer el primer movimiento desde que la tarea aparece en pantalla. | Aprender y aplicar |
| Tiempo total | Cuánto dura la tarea de principio a fin. | Aprender y aplicar |
| Proporción del tiempo antes de actuar | Qué parte del tiempo total transcurre antes del primer movimiento. Es una medida de reparto, no de duración. | Conjunto de la prueba |
| Ritmo de acciones | Cuántas acciones realiza por unidad de tiempo. | Conjunto de la prueba |
Tabla 1. Los ocho indicadores de proceso. Los tres primeros se calculan por separado en la fase de aprender y en la de aplicar, lo que da seis indicadores; los dos últimos se calculan sobre el conjunto. Ninguno mide aciertos: describen cómo se trabaja, no cuánto se sabe. También se calcularon las tendencias a lo largo de las sucesivas tareas de la fase de aprender, para ver si el alumno se acelera o se frena a medida que avanza, pero ninguna de ellas muestra asociación apreciable con el resultado.
2. La prueba de utilidad
¿Dice el rastro algo que la puntuación no diga?
Antes de interpretar nada conviene comprobar si el rastro sirve para algo. La prueba aplicada es exigente: se entrena un modelo con unas comunidades autónomas y se le pide que prediga a los alumnos de las comunidades que no ha visto. Si lo que aporta el proceso fuese un artefacto local, esa capacidad se vendría abajo al cambiar de territorio.
No se viene abajo. Predecir el rendimiento en la prueba digital a partir del nivel socioeconómico y del rendimiento tradicional ya funciona bastante bien, y aun así añadir los indicadores de proceso mejora el resultado. En la segunda comparación, más exigente porque el modelo base ya incluye lo bien que le fue al alumno durante la fase de aprender, la mejora es pequeña pero sigue estando: el comportamiento observado mientras aprendía contiene información sobre lo que hará después que no está recogida por lo que acertó mientras aprendía.
Merece la pena contrastar este resultado con el del informe anterior sobre rendimiento ajustado. Allí, las características institucionales de los centros (clima escolar, equipamiento, ratios, formación del profesorado) no predecían nada fuera de su territorio de entrenamiento: el modelo funcionaba peor que limitarse a decir que todos los centros rinden como la media. Aquí, en cambio, el comportamiento individual observado durante la prueba sí viaja de una comunidad a otra. Es una diferencia interesante entre lo que PISA puede decir del funcionamiento de las instituciones y lo que puede decir de la forma de trabajar de las personas.
3. De aprender a aplicar
Más tiempo no es mejor, y el reparto importa más que la cantidad
La pregunta más interesante que permite este diseño es si la forma de trabajar mientras se aprende anticipa lo que ocurre después, cuando hay que aplicar lo aprendido a un problema nuevo. El modelo compara alumnos que partían de la misma posición: mismo rendimiento durante la fase de aprender, mismo rendimiento en las pruebas tradicionales, mismo nivel socioeconómico y mismo territorio. Sobre esa base, mide qué añade cada rasgo del proceso.
El resultado más claro y más contraintuitivo es el primero: entre alumnos que habían aprendido lo mismo, los que necesitaron más tiempo y más acciones para llegar ahí rinden algo peor al aplicar. La magnitud no es despreciable, en torno a una décima de desviación típica por cada desviación típica de tiempo adicional. Una lectura razonable, y explícitamente no demostrada, es que ese tiempo extra refleja una comprensión más trabajosa que se paga después, cuando hay que trasladar lo aprendido a una situación distinta. Pero el dato no distingue entre tardar por explorar a fondo y tardar por ir perdido, y esa distinción es justo la que haría falta para sacar conclusiones pedagógicas.
En sentido contrario aparece la proporción del tiempo dedicada a observar antes de actuar, que se asocia con mejores resultados posteriores. Nótese que no es lo mismo que tardar mucho: es qué parte del tiempo propio se consume antes del primer movimiento. Y hay dos señales más débiles, que pasan la corrección más permisiva por comparaciones múltiples pero no la más exigente: un ritmo de acciones más alto acompaña a mejores resultados, y una latencia absoluta más larga acompaña a resultados ligeramente peores.
La comprobación decisiva llega al meter todos los rasgos a la vez en el mismo modelo, en lugar de examinarlos uno por uno. Ahí, la señal del tiempo total se desvanece y lo que permanece es la estructura del tiempo: la proporción dedicada a observar antes de actuar sigue sumando y la latencia absoluta sigue restando. Conviene no forzar la interpretación de estos dos coeficientes, porque conviven en el mismo modelo y miden cosas relacionadas. Lo que sí sostiene el análisis es la conclusión de nivel superior: lo relevante no es el reloj sino el reparto, y cualquier recomendación del tipo "dedicad más tiempo" se queda sin apoyo en estos datos.
4. Quién trabaja de qué manera
La misma tarea, estilos de trabajo distintos
Si la forma de trabajar importa, la siguiente pregunta es quién trabaja de cada manera. El gráfico siguiente responde a la vez a dos comparaciones, siempre a igualdad de rendimiento tradicional: cuánto cambia cada indicador por cada unidad de nivel socioeconómico y cuánto se separa Galicia del resto de España.
El origen social: diferencias pequeñas pero sistemáticas
A igualdad de rendimiento en las pruebas tradicionales, el alumnado de mayor nivel socioeconómico resuelve las tareas digitales con menos tiempo y menos acciones, tanto al aprender como al aplicar, y dedica una proporción algo mayor de ese tiempo a observar antes de actuar, con un ritmo de acciones más alto. Las magnitudes son modestas, entre tres y seis centésimas de desviación típica por unidad de nivel socioeconómico, pero son consistentes en indicadores distintos y estadísticamente claras.
El interés de este resultado no está en su tamaño sino en su naturaleza. La brecha digital se suele discutir en términos de acceso a dispositivos y conectividad. Esto apunta a otra cosa: a igual competencia medida, hay diferencias sociales en la manera de enfrentarse a una herramienta desconocida. Es un indicio compatible con la idea de que saber aprender con herramientas digitales es en sí mismo un recurso desigualmente repartido, aunque probarlo requeriría un diseño que estos datos no permiten.
Galicia: el mismo destino por un camino más rápido
Las diferencias gallegas son bastante mayores que el gradiente social, y tienen una forma reconocible. El alumnado gallego hace prácticamente el mismo número de acciones que el del resto de España, pero tarda notablemente menos en empezar y consume menos tiempo total, sobre todo en la fase de aprender. También dedica una proporción menor de su tiempo a observar antes de actuar. Dicho de forma llana: un estilo más directo, con menos deliberación previa y menos minutos por tarea, con la misma cantidad de intervenciones sobre la herramienta.
Ahora bien, ese estilo no cambia las reglas del juego. Ninguna de las interacciones entre los procesos y el hecho de estudiar en Galicia resulta apreciable: la relación entre cómo se trabaja y cómo se aplica después es la misma en Galicia que en el resto del país. Y en el modelo de transferencia, una vez que se sabe cómo le fue al alumno durante la fase de aprender, ni el origen socioeconómico ni el territorio añaden nada a la predicción de la fase de aplicar. Lo que varía entre territorios es la distribución de los estilos, no su rendimiento.
5. Perfiles
Dos formas mayoritarias de encarar la pantalla
Los ocho indicadores se pueden resumir en unos pocos perfiles de trabajo. Antes de agruparlos, cada indicador se compara con lo que cabría esperar del alumno dado su nivel de rendimiento, de modo que los perfiles no acaben separando simplemente a quienes saben más de quienes saben menos. Lo que queda es una división bastante limpia en dos mitades, más un grupo residual muy pequeño.
| Perfil | % del alumnado con perfil | Qué lo caracteriza |
|---|---|---|
| Dedican más tiempo del esperable | 49,7 % | Más tiempo total del previsible para su nivel de rendimiento, tanto al aprender como al aplicar. |
| Dedican menos tiempo del esperable | 49,2 % | Menos tiempo total del previsible en las dos fases. |
| Tardan en empezar y luego van muy rápido | 1,1 % | Proporción de tiempo previa a la primera acción muy alta seguida de un ritmo de acciones muy alto. Solo 103 alumnos: no admite conclusiones. |
Tabla 2. Los tres perfiles de trabajo. Porcentajes ponderados sobre el alumnado con información de proceso y perfil asignado, no sobre el total de la muestra española. Las etiquetas son descriptivas y no son categorías oficiales de la OCDE: resumen los rasgos más extremos de cada grupo respecto a lo esperable para su nivel de rendimiento.
La mezcla de perfiles es coherente con los resultados anteriores, y esa coherencia es en sí misma un argumento a favor de que los patrones no son ruido. Galicia tiene bastante más alumnado en el perfil de menos tiempo del esperable que el resto de España, lo que es otra manera de ver el estilo rápido descrito en el apartado anterior. Y el alumnado de nivel socioeconómico bajo se concentra más en el perfil de más tiempo del esperable, mientras que el de nivel alto se inclina hacia el de menos tiempo, exactamente en la dirección del gradiente socioeconómico medido indicador a indicador.
6. Alcance
Lo que este análisis no puede decir
- Asociaciones, no causas. Todo lo anterior describe qué formas de trabajar acompañan a qué resultados. No permite afirmar que cambiar la forma de trabajar de un alumno cambiaría su rendimiento, ni convertir ninguno de estos coeficientes en una recomendación pedagógica.
- Solo una parte del alumnado. El dominio digital se aplica a un subconjunto de los alumnos evaluados: 9.634 de los 29.966 españoles tienen información de proceso, y cada tarea concreta la registra para alrededor de uno de cada diez. Los resultados describen a ese subconjunto.
- El rastro depende de la tarea. Un indicador solo existe si la tarea ofrecía la oportunidad de observar ese comportamiento. Que no se registre una conducta no significa que el alumno no la necesitase o no la tuviese.
- No hay secuencia de clics. El fichero público ofrece resúmenes por tarea, no el orden exacto de las acciones, así que no es posible reconstruir con rigor la estrategia paso a paso de nadie.
- Los perfiles son una simplificación. Los patrones de trabajo son continuos y la separación entre grupos es débil. Los tres perfiles son una forma cómoda de resumir, no tipos de alumno que existan como tales.
- Las etiquetas de las variables son interpretaciones. La identificación de qué mide cada métrica del fichero se ha hecho a partir de sus descripciones publicadas y es auditable, pero antes de un uso académico conviene contrastarla con la documentación técnica de la OCDE.
Para terminar
Conclusiones
- El camino contiene información, no solo el resultado. El rastro de trabajo mejora la predicción del rendimiento digital y la de la transferencia a tareas nuevas, en validaciones que dejan comunidades enteras fuera. Es una capacidad que las evaluaciones tradicionales no tienen.
- Dedicar más tiempo no anticipa aplicar mejor. Entre alumnos que habían aprendido lo mismo, quienes lo hicieron con más tiempo y más acciones rinden algo peor después. Es un resultado sólido y, a la vez, fácil de malinterpretar: no dice que ir rápido sea bueno.
- Lo que se sostiene es el reparto del tiempo. Cuando todos los rasgos compiten en el mismo modelo, la cantidad total de tiempo deja de importar y permanece la proporción dedicada a observar antes de actuar.
- Las formas de trabajar tienen distribución social. A igualdad de competencia medida, el nivel socioeconómico se asocia a maneras distintas de enfrentarse a una herramienta desconocida. La brecha digital relevante puede estar menos en el acceso y más en el saber aprender con lo digital.
- Galicia trabaja distinto, no mejor ni peor. Su alumnado empieza antes y tarda menos, con el mismo número de acciones. La relación entre proceso y resultado es idéntica a la del resto del país: lo que cambia es la distribución de estilos.
Fuentes
- OCDE. PISA 2025 Database, ficheros de uso público de alumnado (CY09_MS_STU_PUF), del dominio digital (CY09_MS_LDW_PUF) y de datos de proceso (CY09_MS_COG_PROCESS_PUF).
- OCDE. PISA 2025 Assessment and Analytical Framework, marco del dominio Learning in the Digital World.
- OCDE. PISA Data Analysis Manual, tratamiento de los pesos replicados BRR con ajuste de Fay.
- GaeliKA Innovación. Trazabilidad del análisis: mapeo de variables de proceso e indicadores agregados, disponible a petición.