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Rendimiento ajustado, equidad y brechas de género en PISA 2025: España y Galicia
PISA se lee casi siempre como una tabla de clasificación, y una tabla de clasificación mezcla dos cosas muy distintas: lo que hace la escuela y a qué alumnado atiende. Este informe descuenta el perfil del alumnado y separa tres preguntas que suelen mezclarse. La primera es de rendimiento: qué territorios obtienen mejores resultados de los que cabría esperar por ese perfil. La segunda es de equidad: si en ellos el origen familiar de cada alumno condiciona menos su resultado. La tercera es de género: cómo son las diferencias de resultados entre chicas y chicos. Con los microdatos de PISA 2025 para España, 29.966 alumnos de 878 centros, Galicia aparece 9,33 puntos por encima del resto del país una vez descontados el nivel socioeconómico, el origen migrante y el género de su alumnado. En cambio, ni el peso del origen social ni el tamaño de las brechas de género dentro de sus centros se distinguen de los del resto de España. Rendir por encima de lo esperable y repartir mejor no son la misma cosa, y conviene no confundirlas.
Síntesis
Una ventaja en rendimiento que no se traslada a la equidad
Galicia rinde por encima de lo que su alumnado permitiría anticipar: 9,33 puntos más que el resto de España después de descontar el nivel socioeconómico, el origen migrante y el género. Es una diferencia apreciable y bien medida, aunque no enorme: la escala de PISA está construida para que la media de la OCDE ronde los 500 puntos y la dispersión entre alumnos sea del orden de 100, de modo que nueve puntos son algo menos de una décima parte de esa dispersión.
Las otras dos preguntas se responden en negativo, y eso es también un resultado. Dentro de los centros gallegos, el origen social predice los resultados con la misma intensidad que en el resto del país, y las diferencias de resultados entre chicas y chicos tienen el mismo tamaño que en las demás comunidades. Galicia obtiene algo más de lo previsible, pero no porque haya debilitado ninguno de los dos vínculos.
1. El punto de partida
Por qué una tabla de clasificación no compara sistemas educativos
El nivel socioeconómico y cultural de la familia es, con mucha diferencia, el mejor predictor del rendimiento en PISA. Cada unidad del índice ESCS se asocia a unos 25 puntos de puntuación: la distancia entre un alumno situado una desviación típica por debajo de la media de la OCDE y otro situado una por encima ronda los 50 puntos, la mitad de toda la dispersión entre alumnos. Haber nacido fuera de España y haber llegado en edad escolar (lo que PISA llama primera generación migrante) se asocia a una desventaja de 34,3 puntos adicionales, una vez igualado el nivel socioeconómico. En la segunda generación, hijos de familias migrantes nacidos ya en España, esa desventaja prácticamente desaparece.
Con estas magnitudes, comparar las medias brutas de dos territorios con alumnados distintos dice poco sobre sus escuelas. Un territorio que escolariza a más alumnado recién llegado y con familias de menor nivel educativo partirá varios puntos por detrás por razones que no tienen que ver con lo que ocurre en sus aulas. De ahí el procedimiento que sigue el resto del informe: primero se calcula qué puntuación cabría esperar de cada alumno según su perfil, y después se comprueba cuánto se aparta de esa previsión lo que realmente obtiene.
2. El mapa ajustado
Descontado el perfil del alumnado, las diferencias territoriales siguen ahí
Podría ocurrir que, una vez igualado el perfil del alumnado, todos los territorios rindiesen prácticamente igual y las diferencias del ranking bruto se disolviesen. No es el caso. Diez territorios se separan del resto de forma clara: seis por encima y cuatro por debajo. Galicia y Aragón quedan también en la zona alta, con una señal algo más débil.
El gráfico distingue dos grados de certeza, y la distinción merece una explicación, porque es el punto donde más se exagera al divulgar este tipo de resultados. Cuando se compara a diecinueve territorios a la vez, es esperable que alguno parezca destacar solo por azar, del mismo modo que quien tira muchas veces una moneda acaba encontrando una racha llamativa. Para evitarlo se aplican correcciones, y aquí se han usado dos con exigencias distintas. La más permisiva acepta que entre los hallazgos declarados haya una pequeña proporción de falsas alarmas, y es útil para señalar casos que merecen atención. La más exigente pretende que no haya ninguna falsa alarma en todo el conjunto de comparaciones (para quien quiera los nombres técnicos: el procedimiento de Benjamini y Hochberg y el de Holm, respectivamente). Las diferencias en azul oscuro superan las dos pruebas; las de azul claro, solo la primera.
Conviene además no leer el mapa como una nota a cada administración educativa. El ajuste corrige por lo que el cuestionario de PISA observa del alumnado, no por todo lo que diferencia a un territorio de otro: en Ceuta y Melilla, por ejemplo, concurren circunstancias demográficas y de contexto que ninguna variable del modelo recoge. Lo que el gráfico sí sostiene es que, después del ajuste, siguen existiendo diferencias grandes y que su orden no coincide con el del ranking bruto.
3. Galicia
Preguntas parecidas con respuestas distintas
Los dos gráficos siguientes resumen el hallazgo central. Ambos se leen igual: el punto es la estimación y la barra horizontal es el margen del 95 %, es decir, el conjunto de valores compatibles con los datos. Si ese margen no toca el cero, hay señal; si lo cruza, los datos no permiten afirmar que exista diferencia alguna.
A la izquierda, el rendimiento: el margen de Galicia queda íntegramente por encima del cero, aunque su extremo inferior se acerca. A la derecha, la equidad socioeconómica: la diferencia es de 0,77 puntos por unidad de ESCS, con un margen centrado casi en el cero que lo cruza con holgura por los dos lados. La misma metodología, aplicada a las dos preguntas, da una respuesta afirmativa prudente a la primera y una respuesta negativa a la segunda.
La prudencia de la primera respuesta tiene un motivo concreto: la ventaja gallega supera la corrección más permisiva de las dos descritas en el apartado anterior, pero no la más exigente. Hay evidencia relevante de una ventaja gallega, no un hecho establecido. Afirmar que Galicia educa mejor sería ir más allá de lo que sostiene el dato; descartar la señal porque no pasa la prueba más dura sería desperdiciar información.
| Galicia frente al resto de España | Estimación | Margen del 95 % | ¿Excluye el cero? | ¿Supera la prueba más exigente? |
|---|---|---|---|---|
| Rendimiento ajustado | +9,33 puntos | +1,84 a +16,82 | Sí | No |
| Peso del origen social dentro de los centros | +0,77 puntos | -4,49 a +6,03 | No | No procede |
| Magnitud media de las brechas de género | -0,31 puntos | -3,84 a +3,23 | No | No procede |
Tabla 1. Las tres dimensiones de Galicia. La segunda fila expresa la diferencia en puntos por unidad de ESCS; la tercera resume en una sola cifra el tamaño medio de las brechas de género, sin atender a su signo (13,66 puntos en Galicia). Para el rendimiento ajustado, el valor p corregido con el criterio más permisivo es 0,024 y con el más exigente, 0,117: de ahí que la ventaja se describa como señal y no como hecho establecido.
4. Dos cosas que no van juntas
Rendir más de lo esperable no implica repartir mejor
Importa entender qué mide exactamente el peso del origen social tal y como se calcula aquí: compara a alumnos que asisten al mismo centro, de manera que no refleja la segregación entre colegios, un fenómeno distinto y que este análisis no cuantifica. Medido así, en Galicia ese peso es prácticamente idéntico al del resto de España, y no hay base para afirmar ni que sea más equitativa ni que sea menos.
El contraste más ilustrativo lo ofrece Castilla y León, que combina el mayor rendimiento ajustado del país con una dependencia del origen social 6,80 puntos mayor que la del resto. Las dos cosas superan la prueba estadística más exigente, así que es el único territorio del que puede afirmarse con seguridad que rinde mucho y reparte peor. Es la demostración empírica de que las dos dimensiones no son intercambiables: un sistema puede rendir bien manteniendo un gradiente social alto, y puede tener un gradiente bajo con resultados medios modestos.
Vistas en conjunto, las diferencias territoriales de equidad son mucho más débiles que las de rendimiento. Eso tiene una lectura sustantiva que suele pasarse por alto: la mayor parte de la desigualdad asociada al origen social aparece dentro de los propios centros, en proporciones parecidas en toda España, y no se explica por lo que distingue a unas comunidades de otras.
5. La tercera dimensión
Las brechas de género hay que leerlas dominio por dominio
La tercera pregunta introduce una dimensión que el debate sobre PISA suele tratar aparte: dentro de un mismo centro, ¿obtienen resultados distintos los alumnos según su género? La respuesta española es clara y, además, muy estable a lo largo de las ediciones de PISA. En Lectura, el grupo de chicas y otras respuestas aventaja al de chicos en 24,5 puntos, casi una cuarta parte de la dispersión entre alumnos. En Matemáticas ocurre lo contrario, con 15,3 puntos a favor de los chicos. En Ciencias no hay diferencia apreciable.
De ahí una advertencia que vale para cualquier lectura de estos datos: la equidad de género no puede resumirse con una sola cifra. Al juntar los tres dominios, la ventaja en Lectura y la desventaja en Matemáticas se cancelan y el agregado queda cerca de cero, lo que sugeriría erróneamente que no hay brechas que explicar. Las hay, y son grandes, pero apuntan en direcciones opuestas según la materia.
Las brechas gallegas se parecen mucho a las del resto del país. En Lectura son algo mayores (28,4 puntos frente a 24,2) y en Matemáticas algo menores (11,7 frente a 15,5), pero ninguna de esas diferencias resiste el examen estadístico: todos los márgenes cruzan el cero con amplitud. Lo mismo ocurre con la cifra que resume el tamaño medio de las brechas sin atender a su signo, 13,66 puntos en Galicia, apenas 0,31 por debajo del resto de España. De hecho, ninguna comunidad autónoma se separa del resto en esta métrica con evidencia que supere la corrección más exigente.
| Dominio | Galicia | Resto de España | Diferencia | Margen del 95 % de la diferencia |
|---|---|---|---|---|
| Lectura | +28,40 | +24,24 | +4,16 | -4,60 a +12,93 |
| Ciencias | +0,20 | -2,13 | +2,34 | -6,87 a +11,55 |
| Matemáticas | -11,70 | -15,52 | +3,81 | -4,64 a +12,27 |
| Los tres juntos | +5,63 | +2,20 | +3,44 | -4,56 a +11,44 |
Tabla 2. Brechas de género en Galicia y en el resto de España. Diferencia entre el grupo de chicas y otras respuestas y el de chicos, en puntos PISA, estimada dentro de los centros y a igualdad de nivel socioeconómico y origen migrante. Los valores positivos favorecen a las chicas y otras respuestas. Ninguna de las diferencias entre Galicia y el resto es concluyente: todos los márgenes incluyen el cero.
Un hallazgo que sí merece atención
Hay un resultado en esta dimensión que no es una ausencia de diferencia. En el conjunto de España, el origen social pesa algo más entre las chicas y otras respuestas que entre los chicos: unos 4,6 puntos adicionales por cada unidad de ESCS, con un margen de 1,5 a 7,7 que no llega al cero, y con valores parecidos en los tres dominios por separado. Dicho en términos llanos: la distancia entre las alumnas de familias más favorecidas y las de familias menos favorecidas es algo mayor que la que separa a sus compañeros varones entre sí.
En Galicia la estimación es casi idéntica, 4,40 puntos, pero su margen cruza el cero. No es que en Galicia ocurra algo distinto: es que la muestra gallega, mucho más pequeña que la española, no permite afirmarlo. Es un buen ejemplo de una idea que conviene tener presente al leer cualquier informe de este tipo: lo que puede sostenerse depende tanto del tamaño del efecto como del tamaño de la muestra, y una diferencia que no alcanza significación no es lo mismo que una diferencia inexistente.
6. Los centros
Casi la mitad de los centros gallegos rinde por encima de lo previsible
El mismo ejercicio puede hacerse centro a centro. Para cada uno se estima cuánto se aparta del rendimiento previsible para su alumnado y, dado que unos centros aportan más alumnos que otros a la muestra, se corrige esa estimación para no confundir un resultado extremo con un resultado bien medido. Con un criterio exigente (que haya al menos un 80 % de probabilidad de que el centro esté realmente por encima de lo previsible), el 45,5 % de los centros gallegos de la muestra cumple la condición. Es una proporción alta.
El cuadro cambia al mirar el contexto de esos centros. Solo el 14,5 % de los centros gallegos rinde por encima de lo previsible y además atiende a un alumnado con nivel socioeconómico por debajo de la mediana española de centros; y apenas el 1,8 % lo hace en el cuartil más desfavorecido. La lectura razonable es que la fortaleza gallega descansa en una base amplia de centros que funcionan algo mejor de lo previsible más que en una concentración de centros capaces de revertir los contextos más difíciles. Es una descripción, no una explicación, y encaja con los dos resultados de equidad anteriores.
7. Alcance
Lo que este análisis no puede decir
La pregunta natural, una vez localizados los centros que rinden por encima de lo previsible, es qué hacen distinto. PISA les pregunta por su clima escolar, su equipamiento digital, sus ratios de alumnos por profesor o la formación de su profesorado, y con esas variables aparecen asociaciones intuitivas, del tipo que alimenta recomendaciones de política educativa. La prueba decisiva es otra: entrenar el modelo en unas comunidades y comprobar si acierta con los centros de comunidades que no ha visto. No acierta. El coeficiente de determinación es negativo (-0,022), es decir, el modelo predice peor que quien se limitase a decir que todos los centros rinden como la media. Con estas variables no hay receta reproducible.
- Asociaciones, no causas. El rendimiento ajustado es lo que obtiene un territorio o un centro menos lo que cabría esperar según unas pocas variables observadas. No capta lo que esas variables no recogen y no es una medida de lo que la escuela añade. Del mismo modo, una brecha de género descriptiva no es, por sí sola, evidencia de discriminación.
- El género, como lo permite el dato. La variable disponible separa al alumnado registrado como chico del resto, de modo que las chicas aparecen agrupadas con quienes dieron cualquier otra respuesta. Es una aproximación buena a la comparación entre chicas y chicos, pero no idéntica, y esa categoría residual no debe leerse como una identificación no binaria mientras la documentación de la versión española de la pregunta no lo precise.
- La equidad se mide por comunidad, no por colegio. PISA entrevista a unas decenas de alumnos por centro: bastan para estimar cuánto rinde el centro en promedio, pero no para medir con precisión el peso del origen social colegio a colegio. Conviene desconfiar de cualquier índice de equidad centro a centro construido con estos datos.
- Las cifras de centros son descriptivas. Los porcentajes del 45,5 %, 14,5 % y 1,8 % describen los centros gallegos que entraron en la muestra; convertirlos en estimaciones del total de centros de Galicia exigiría un tratamiento adicional.
- Cataluña y Murcia. Cataluña obtiene una estimación muy alta que no se utiliza aquí, por la advertencia de calidad de PISA 2025 relativa a las exclusiones dentro del centro. Murcia no alcanza significación y su tasa de exclusiones aconseja tratarla con cautela.
- Una sola edición. Todo se apoya en PISA 2025. Saber si la ventaja gallega es un rasgo estable del sistema o el resultado de una edición concreta exige repetir el mismo ajuste en ediciones anteriores.
Para terminar
Conclusiones
- Las diferencias entre territorios sobreviven al ajuste por composición. El mapa cambia respecto al ranking bruto, pero no se disuelve: seis comunidades quedan por encima del resto con evidencia sólida y cuatro territorios por debajo.
- Galicia rinde unos nueve puntos por encima de lo esperable. La señal es consistente y bien medida, aunque no supera el criterio estadístico más exigente. Es evidencia relevante, no un hecho establecido.
- No hay ventaja gallega en equidad, ni socioeconómica ni de género. El origen social pesa dentro de los centros gallegos lo mismo que en el resto del país, y las brechas entre grupos tienen el mismo tamaño. Si la ventaja de rendimiento se confirma, no viene de haber roto esos vínculos mejor que nadie.
- Tres dimensiones, tres conversaciones. Rendimiento, equidad socioeconómica y brechas de género se miden de forma distinta y admiten conclusiones distintas. Juntarlas en un único juicio sobre "quién educa mejor" es la forma más rápida de equivocarse, y sumar las brechas de Lectura y Matemáticas en una sola cifra las hace desaparecer.
- Localizar no es explicar. Se puede señalar qué centros y qué territorios obtienen más de lo previsible; con los datos de PISA no se puede decir qué hacen para conseguirlo.
Fuentes
- OCDE. PISA 2025 Database, ficheros de uso público de alumnado y de centros, y codebook asociado.
- OCDE. PISA 2025 Student Questionnaire, pregunta ST430Q01DA sobre el género del alumno.
- OCDE. PISA 2025 Results (Volume I), Country Notes: Spain, incluidas las advertencias de calidad del dato.
- OCDE. PISA data and documentation: PISA Data Analysis Manual, para el tratamiento de los valores plausibles y de los pesos replicados, y PISA 2025 Within-School Sampling Manual, para los criterios de muestreo y exclusión.
- Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, INEE. PISA 2025, resultados y documentación para España.